This Day in History

lunes, 10 de octubre de 2011






 Sita en el lugar de Villahormes, Parroquia de San Miguel de Hontoria, en el Concejo de Llanes, (Principado de Asturias), Reino de España, se encuentra la Casa-Palacio “La Espriella”, que aún hoy pertenece a la misma familia que la viene poseyendo desde hace quinientos años.

 Ya en el siglo XV existía constancia en Villahormes de la familia Espriella, cuyo nombre – según Gutierre Tibón – es diminutivo femenino de aspre, síncopa de aspere, que significa y equivale en castellano a áspero o asperilla. Dicha nomenclatura proviene, o la toma, del lugar donde se levanta esta Casa-Palacio a finales del siglo XVI, construida sobre la primitiva casa de los Espriella, de la cual aún se conservan diferentes restos.

 Los primeros testimonios documentales sobre este linaje los encontramos en el expediente para el Hábito de Calatrava, de DON MARTÍN III DE LA ESPRIELLA -Martín de la Espriella y Pando-, que culmina en el año 1624, y que, por su pretensión de levantar la capilla para enterramiento familiar en la iglesia de San Miguel de Hontoria –aldea lindante con Villahormes-, sostuvo un sonado pleito con el monasterio benedictino de San Salvador de Velorio, pueblo cercano, cuyo vecindario hizo causa común con dicho monasterio.


 DON MARTÍN I DE LA ESPRIELLA (1527-1595), y Doña Catalina de La Espriella, primos entre sí, fueron los padres del DOCTOR DON DOMINGO I DE LA ESPRIELLA, llamado “El Grande” (1562-1640), que en varios libros y documentos aparece como el Doctor Don Domingo Llanes y Espriella. No es posible aportar dato alguno acerca de su infancia y juventud, ni el motivo que le llevó a invertir su primer apellido, Espriella por el de Llanes, con el que era conocido, hecho éste muy común en aquel tiempo. Tampoco hemos podido averiguar dónde llevó a cabo sus estudios y dónde fue investido Doctor. El único dato encontrado se fecha el 30 de septiembre de 1592, cuando es nombrado Canónigo de Astorga y, al mismo tiempo, Inquisidor Apostólico del Reino de Sicilia, por el Cardenal Quiroga, Arzobispo de Toledo. 

 Tomó posesión de su cargo el 1 de agosto de 1593 y ejerció como Inquisidor por espacio de treinta años ininterrumpidos. El 15 de mayo de 1616 otorgó testamento en Palermo (Sicilia) y fundó vínculo sobre la casa de sus predecesores, creando un Mayorazgo después de reunir sus bienes patrimoniales. En dicho documento expresa: “que el poseedor se sustente decorosamente con el producto de los bienes que constituía su dotación y cuidándose mucho de tales poseedores, para que no puedan faltarle los rendimientos de los bienes que vinculan”. Prohíbe no solo cobrar rentas adelantadas, sino también hacer arrendamientos de bienes inmuebles por más de tres años.

 Citaremos ahora algunas de las particularidades, más sobresalientes del Mayorazgo, cuyo objetivo primordial era confirmar la memoria del linaje Espriella. Para ello, impone a sus poseedores la obligación de llevar el sobrenombre de “La Espriella” y traer sus armas: de azur, un castillo de piedra surmontado de un águila de oro y siniestrado de un árbol de sinople.  En esto fue inflexible, pues inhabilitaba para continuar el disfrute del vínculo al que incumpliese esta norma –fuese varón o hembra-.

 Otra curiosidad es que pone gran cuidado en que el vínculo sea poseído por persona que descienda de sus padres y abuelos. Llama, en primer lugar, a su sobrino DON MARTÍN III DE LA ESPRIELLA -Martín de la Espriella y Pando– primogénito de su hermano DON MARTÍN II-; luego a sus descendientes; y así hasta seis líneas representadas por sus sobrinos. En el caso de que todos ellos se extinguiesen, nombre como legítimos a los hijos naturales; si no los hubieses, a los bastardos –aunque fuesen de clérigo o de persona casada-. Pero aún va más allá en su pretensión de perpetuar el linaje Espriella: desea que el poseedor del Mayorazgo esté casado, pediéndolo si se hace clérigo, fraile o monja; o, si cometiese delito de lesa majestad, declara al poseedor muerte una hora antes de cometer la falta.

 Con la intensión de que el Mayorazgo siempre fuese en aumento, obliga a sus poseedores a entregar anualmente “ducados, enjutos, censos o rentas en pan, cuyo capital ha de ceder a él y acrecentarle”. Pero, el Inquisidor no pensó sólo en sus relaciones con el vínculo, sino también en beneficiar a sus paisanos y convecinos. Así, el 11 de junio de 1618 fundó cuatro capellanías, cada una con una renta anual de cien ducados, de once reales cada ducado. También creó una escuela perpétua en la cercana parroquia de Hontoria, con una renta de cien ducados anuales y cuyo maestro tenía la obligación de enseñar a leer, escribir, contar y ayudar a misa, sin diferencias entre hijos legítimos o naturales.

 Así mismo, este sabio teólogo creó con doscientos ducados una renta, para que estudiantes sin medios económicos de Hontoria pudiesen llevar a cabo su formación. Este importe lo percibirían por espacio de ocho años, tras los cuales dicha cantidad correspondería a otros dos nuevos estudiantes y así sucesivamente con el fin de acercar la cultura al mayor número posible de jóvenes sin recursos.

 Desde su nombramiento como Inquisidor el DOCTOR DON DOMINGO I DE LA ESPRIELLA El Grande, nunca regresó a “La Espriella”. Pero, esto no impidió dirigir desde Palermo la construcción de su Casa-Palacio. Murió el 14 de mayo de 1640 en dicha ciudad italiana, donde descansan sus restos en una capilla adquirida por él mismo a un convento de franciscanos – dentro de un severo mausoleo.

 El primero que le sucedió en el Mayorazgo fue DON MARTÍN III DE LA ESPRIELLA -Martín de La Espriella y Ovio-, Caballero de la Orden de Calatrava, al que siguió su hijo DON MARTÍN IV DE LA ESPRIELLA -Martín de La Espriella y Bravo de Hoyos-, padre de DON DOMINGO II DE LA ESPRIELLA -Domingo de La Espriella y Estrada (1667-1707), Colegial de San Pelayo y Salamanca y del Mayor de Cuenca, Caballero de la Orden de Alcantara, Oidor del Consejo de S.M. y de las Ordenes, conservador de la Orden de San Juan (u Orden de Malta) y también Inquisidor General del Reino de Sicilia, “hombre de una virtud a toda prueba, vino a morir pobre entre los suyos en esta Villa de Llanes a 4 de noviembre de 1707, llevándole a enterrar al siguiente día 5 a la Espriella, donde había nacido, y en cuya capilla tienen enterramientos sus dueños y sus hijos”.


 Otro hecho que prueba el noble corazón del linaje Espriella, es el acometido por el licenciado Don Pedro de La Espriella –hermano del anterior, que fundó la “Obra Pía de La Espriella” el 5 de septiembre de 1657, cuyo fin era dotar a las doncellas pobres de la feligresía. Esta institución se mantuvo hasta finales del siglo XIX.

 Entonces, recayó el Mayorazgo en DOÑA FRANCISCA I DE LA ESPRIELLA -Francisca Antonia de La Espriella y Rivero-, casada en 1720 con Don Cosme Antonio de Mier y Salceda, Señor de la Casa de Sánchez de Buelna y de la de Celis y Salceda de Liébana; extinguiéndose así la línea mayor masculina de los Espriella. Nietos de éstos fueron Don Antonio Fernando y Don Domingo de Mier y Mioño –Maestrante de Sevilla- y Militares en Méjico; y las Monjas profesas en el Monasterio las Huelgas de Burgos, Doña Josefa, Doña Rita y Doña Angela de Mier y Mioño.

 Durante la Guerra de la Independencia (española), Don Antonio de Mier y Mioño, poseedor de la Casa-Palacio “La Espriella”, acudió a luchar contra el invasor francés. Dada la avanzada edad y precaria salud, demostró su profundo amor a la patria armando a sus tres hijos –Don Rafael, Don Martín y Don José a luchar por la Independencia Española-. Ninguno de los tres superaba los veinte años, y el pequeño apenas rozaba los quince. Don Rafael murió en el campo de batalla, sus hermanos hicieron toda la guerra en el 4º ejército, en la Batalla de San Marcial y también en la librada el 19 de abril de 1814 en Tolosa, Francia.


 Para recordar este hecho, fue creada por Real Orden del 30 de enero de 1824 una cruz de distinción, concedida a todos los Generales, Jefes y Oficiales de esta última batalla, entre ellos Don José de Mier y Bermúdez, que a su regreso se desposó con una hija de los Marqueses de Vista Alegre, y que legó a su única hija, Doña Amalia de Mier y Antayo, la Casa-Palacio “La Espriella”. Vuelve de nuevo dicha casa a recaer en rama de hembra.

 Doña Amalia de Mier contrajo matrimonio en Villahormes, el 10 de noviembre de 1849, con Don José Miguel Bernaldo de Quirós y Peón, persona muy recta discreta y considerada, por cuya razón –y no por su alta categoría social- era querido y respetado. Prueba de ello la obtenemos en ocasión de una reñidas elecciones, en las cuales, siendo él Alcalde de Llanes, se presentaba como diputado por primera vez su hijo Don Federico Bernaldo de Quirós y Mier. El Alcalde dijo a interventores y secretarios: “Advierto a ustedes que no perdonaré la ofensa que se me haga cometiendo cualquier ilegalidad para favorecer a mi hijo. Es mi deseo que cumplan ustedes, como yo procuraré cumplir, con la mayor exactitud dando a cada uno lo que de derecho le corresponda”.


 Así llegamos a nuestros días, puesto que “La Espriella” recayó en el abuelo de quien esto escribe, Don José María Bernaldo de Quirós y Argüelles (más conocido en estas tierras por el sobrenombre de “Don Pepe el Marqués”, aunque el Marqués de Argüelles fuese su hermano Federico y no él), casado con Doña Carmen Cuesta y Reixa, el cual sintió un especial predilección por ese lugar, conservando y mejorando la casa; descubrió varios artesonados en los techos y aparecieron algunas habitaciones “secretas” usada para esconderse de los posibles enemigos. Esta casa sufrió grandes desperfectos durante la Guerra Civil de 1936, algunos irreparables, como el incendio del retablo de la capilla, similar al de la Trinidad, que puede contemplarse en la basílica de Santa María, del Caonceyu de Llanes.  

 También las llamas devastaron siglos de historia de España, al arder la biblioteca y el archivo de la casa. Por todo ello, resulta harto difícil hallar más datos. Muchas anécdotas o curiosidades, nos han llegado a través de mi abuelo, y a él a través del suyo, así sucesivamente. Entre ellas, recuerdo que nos contaba cómo Santiago Matamoros presidía el retablo y cómo “La Espriella” era posada para los peregrinos del Camino de Santiago. También recuerdo alguna regañina: si no nos portábamos bien, nos castigarían en el “Cuarto de la Inquisición” y claro, por si acaso llegaba el Inquisidor cesaban de inmediato nuestras travesuras.


 Actualmente, la Casa-Palacio “La Espriella” volvió a recaer en rama hembra, pues pertenece a Doña María Josefa Bernaldo de Quirós y Cuesta, casada con el Doctor Don José Ramón Barro Cano –ya fallecido y enterrado en la capilla de la casa-. Ella y su hijo Don José Ramón Barro Bernaldo de Quirós –casado con Doña Candelas Arranz Prendes- continúan la labor empezada hace más de cinco siglos, mejorando y conservando la Casa-Palacio “La Espriella”. Esta ardua labor la heredarán sus hijos Don José Ramón y Doña Candelas Barro Arranz, que tendrán el legado moral de continuar la labor empezada tanto tiempo atrás.

 En cuanto a la casa en sí, no son muchos los datos que se tienen, salvo los ya mencionados de su construcción sobre vestigios más antiguos. Fue muy reformada en los siglos XVIII, XIX, y XX. Es un palacio de construcción rural, de grandes dimensiones. Consta de dos plantas, sótano y desvanes, además de un patio interior, que se cree añadido posteriormente con el fin de unir la casa con la capilla. Ésta es mucho mayor que cualquiera de las iglesias del pueblo y está dedicada a Santo Domingo.  Consta de una nave con brazos  y cabecera  cuadrada y bóveda de crucería, con rosetones de las Órdenes Militares. Exteriormente se halla poco ornamentada, pero goza de gran calidad en el aparejo, con piedra labrada enmarcando vanos y esquinas.


 Hoy está declarada Monumento Histórico Artístico y puede visitarse. Su interior guarda un rico mobiliario de estilo renacimiento español, acorde a sus dimensiones. Entre estos muebles, cabe destacar una gran arca de nogal tallada con diversas representaciones de la Rendición de Granada. Dicha arca es uno de los muebles originarios de “La Espriella”, pues dadas sus dimensiones no pudo ser sacada de la casa durante los expolios que ésta padeció. También destacaremos el magnífico comedor y el dormitorio principal, que perteneció al Marqués de Argüelles y que procede del Palacio de Argüelles situado en Llanes.

 Para finalizar, una anécdota: era tradición familiar pasar la luna de miel entre los muros de “La Espriella”. Hoy se ha roto, pues la mayoría de los nuevos matrimonios prefieren el calor de una playa caribeña, en vez de “disfrutar” de la presencia del Inquisidor, que, según algunos, deambula por su mansión en las noches de tormenta.







Tomado de la Revista Numen - 2003
Por: Doña Magdalena Fernández-Peña y Bernaldo de Quirós

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